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Ser invitados al banquete

No es garantía de elección, pues para ello, es necesario que ese llamado, se traduzca en compromisos concretos. Este es el traje de bodas, que dice el Evangelio, se pide a todos llevar ceñido.
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La fidelidad al Señor, es un don suyo; y vivir conforme a su voluntad, responde a una decisión de su parte; así muestra El, su justicia, actuando en todos el querer y el poder.

En El, todo es nuevo. La salvación, entendida como la plenitud de la vida de Dios, en nosotros; es también, un don que viene de El, que invita y se anticipa, preparando todos los detalles.

Este don, no exime del compromiso de la libertad y de la opción personal, que se expresa en la capacidad de acogida o rechazo; y como la gracia, no trabaja de balde, el desprecio de unos, es siempre la oportunidad manifiesta, para que otros, con una actitud de mayor gratitud, generosidad y apertura, vean fructificar ese don en su vida.

No obstante, ser invitados al banquete, no es garantía de elección; pues para ello, es necesario que ese llamado, se traduzca en compromisos concretos.

Este es el traje de bodas, que dice el Evangelio, se pide a todos llevar ceñido.

¿Vivimos la vida cristiana, como un don y como una tarea por realizar?

Adaptación del texto de Servicio Bíblico Latinoamericano


MESC del Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón
Molino de las Flores, Mixco, Guatemala
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