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La barca sin Jesús…

…vacila en medio de las tormentas y nubarrones. Y siendo la barca el símbolo de la comunidad y de la fe; debe ser capaz de reconocer a Jesús, como el Hijo de Dios, para salvar las tormentas del mundo actual.

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San Cayetano de Thiene, presbítero, que en Nápoles, en la región de Campania, se entregó a realizar obras de caridad, especialmente en favor de los enfermos incurables, promovió asociaciones para la formación religiosa de los laicos e instituyó los Clérigos Regulares, para la renovación de la Iglesia, recomendando a sus discípulos, el deber de observar, la primitiva forma de vida apostólica.

San Sixto II y compañeros mártires. Su pontificado, se inició poco después de que el emperador Valeriano, hubiera proclamado un edicto de persecución contra los cristianos, en el que prohibía el culto cristiano y las reuniones en los cementerios; y, según el martirologio romano, Sixto fue detenido, mientras estaba celebrando misa, en el cementerio de Pretextato, muriendo mártir al ser decapitado (según la tradición, en la Cárcel Mamertina) junto a los diáconos Januarius, Vincentius, Magnus y Stephanus, que lo acompañaban en la celebración eucarística.

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La duda, la incertidumbre y la inseguridad; son parte, de nuestros proyectos de vida. Siempre están presentes este tipo de situaciones, dónde el miedo nubla nuestro camino.

El Evangelio del día, nos ayuda a conocer la situación, de la comunidad de Mateo, que se ha lanzado a la otra orilla a navegar lejos, no obstante, la barca sin Jesús, vacila en medio de las tormentas y nubarrones. En efecto, vemos en el texto bíblico, como si Jesús, nos abandonara a nuestra suerte; y notamos también, a un Jesús desconocido por la comunidad y que hasta le confunden con un fantasma; con todo, Pedro le reconoce, cuando es capaz de caminar sobre el agua hacia El.

La barca, es el símbolo de la comunidad y de la fe; comunidad capaz de reconocer a Jesús, como el Hijo de Dios. Muchas veces, hacemos que la barca de nuestra vida, navegue por el mundo sin la presencia de Jesús; y así, con miedo, nos vemos como ese Pedro que exclama: ¡Señor, sálvame! pero, ¿hemos dispuesto nuestra barca, para ir a la otra orilla con Jesús?

Adaptación del texto de Servicio Bíblico Latinoamericano


MESC del Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón
Molino de las Flores, Mixco, Guatemala
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