Estás en »Inicio»15o. Domingo del tiempo ordinario ciclo "C"
17 julio, 2019

14 de julio de 2019.

La primera, segunda lectura y el salmo, son una exquisita preparación, para poder entender a Jesús en el Evangelio de este domingo, se afirma que los mandamientos de Dios, no son superiores a nuestras fuerzas humanas, su “cercanía” y “conocimiento” de nuestras situaciones de opresión y sufrimiento no son ajenas y no quieren que sean ajenas a nuestra boca (anuncio y denuncia del Reino) y a nuestro corazón (el amor como mandamiento único y superior). El salmo confirma la actitud confiada del que cree en y  a un Dios así. Un Dios que  como nos dice San Pablo en la carta a los colosenses reconcilia toda la creación en la humanidad de su hijo, motivo, principio y fin de toda existencia humana, planetaria y espacial.

Solo desde aquí comprendemos la parábola que ahora nos ofrece la liturgia de la palabra, en la que se contraponen dos experiencias, que aunque puedan parecer sanamente compatibles, en la vida de cada día cundo nos vemos enfrentados al sufrimiento humano, podemos hacer caso omiso de lo que significa,  “Misericordia quiero y no sacrificios”.

De modo pues que las actitudes humanas pueden variar de la preponderancia de lo religioso desde un cumplimiento y observancia como fidelidad a Dios o la comprensión de la necesidad de amar al prójimo como a sí mismo como imperativo del seguimiento del Dios que se hace humano en Jesús de Nazaret.

No pasar de largo ante el sufrimiento humano, es mayor que todas las más y variadas experiencias mítico-cúltico-religiosas. Saber apreciar en Jesús los atributos que esta parábola nos deja claros: misericordia, no como lástima sino  la capacidad del corazón para insertarse, entender y redimir la miseria humana. Compasión, como la capacidad de padecer con el otro y la otra, en sus necesidades y problemáticas más variopintas que oprimen, marginan y dañan a la persona.

Estar atentos a cualquier forma de tranquilizarían de la conciencia, ante la incapacidad para amar, cargando las miserias y pecados de la humanidad, encargándose de los procesos de transformación que descarguen y hagan más humana la existencia de los que sufren, es desde Jesucristo el imperativo ético de los cristianos.

El comunicado de la Conferencia Episcopal de Guatemala, en el que manifiestan su preocupación por la problemática social ya existente en Guatemala y el posible agravamiento de esta de llegar a consumarse el publicitado supuesto inminente acuerdo entre los Gobiernos de Guatemala y Estados Unidos como “Tercer país seguro”, nos da la pauta para entender que una religión sin entrañas de misericordia, puede ser hasta implícitamente cómplice de los indecibles sufrimientos humanos.

Dejemos que le Señor vaya propiciando ese amor de compasión, de misericordia, de libertad para hacer el bien, como las características primordiales de Dios, reveladas en Jesucristo Nuestro Señor y las tiernas entrañas de su corazón.

 

P. Julio César Molina Martínez,MSC.

Rector del Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Molino de las Flores.

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